Discurso de ingreso en la Sociedad Erasmiana de Málaga (SEMA) de D. José Suárez Padilla –Doctor en Historia por la Universidad Complutense, Miembro correspondiente del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid y Profesor Titular de la UMA–.
Contestación: Dr. D. Juan Fernández Ruiz, Secretario General de la SEMA.
10 de marzo de 2026, en el Salón de Actos de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP) de Málaga.
Durante la segunda mitad del segundo milenio a.C., en el periodo convencionalmente conocido como Bronce Final, el poblamiento del hinterland de la bahía de Málaga sigue siendo aún poco conocido. Los escasos datos disponibles apuntan a la existencia de poblados ocupados desde antiguo, situados en tierras próximas a la bahía, aunque siempre a más de 10 kilómetros del litoral y de la desembocadura de los principales cauces fluviales, como los ríos Guadalhorce y Guadalmedina. Un ejemplo es el asentamiento del Llano de la Virgen (Coín), cuyos inicios se remontan a finales de la Edad del Cobre.
La bahía de Málaga, junto con Huelva, constituye uno de los primeros enclaves del sur peninsular donde se constata una presencia fenicia estable en el extremo occidental del Mediterráneo. Hace unos tres mil años, la desembocadura del Guadalhorce presentaba forma de delta con islotes. El asentamiento fenicio de La Rebanadilla, hoy bajo el aeropuerto de Málaga, se dispuso sobre un antiguo islote de poco más de una hectárea. El asentamiento autóctono de San Pablo se ubicaba sobre una suave elevación, en la margen derecha del antiguo estuario que formaba el río Guadalmedina a comienzos del I milenio a.C., y a unos siete kilómetros en línea recta de la desembocadura del Guadalhorce. En este lugar se han identificado hallazgos de cerámicas de tradición local con carácter híbrido, es decir, conformada por gente local y foráneos que ya llevaban algunas generaciones residiendo en este entorno de la bahía de Málaga. Otro asentamiento autóctono es el Cerro de la Era, emplazado sobre un suave promontorio junto a la desembocadura del río de la Miel (Benalmádena). En la Plaza del Pilar Alto de Cártama hay otro del siglo VIII a.C., con amplia visibilidad sobre el entorno inmediato.
El Cerro del Villar es un asentamiento fenicio situado a unos seis kilómetros del casco histórico de Málaga, junto al actual Paraje Natural de la desembocadura del río Guadalhorce. El Cerro del Villar destacó por su papel como mercado regional y como puerto de redistribución de los recursos agropecuarios del entorno hacia el comercio exterior.
Una de las estrategias del poblamiento fenicio era ocupar diversos puntos estratégicos que, durante un tiempo, funcionaban de manera complementaria. Así, desde el todavía pujante enclave del Cerro del Villar, a mediados del siglo VII a.C. se fundó un nuevo asentamiento en el entorno del otro río de la bahía de Málaga, el Guadalmedina. Esta nueva fundación tiene como primer referente el santuario empórico de la actual calle Císter, excavado en las proximidades de la catedral y del Museo Picasso, así como unas estructuras en piedra localizadas bajo el Rectorado de la Universidad de Málaga, situado junto al puerto moderno y datadas igualmente en la segunda mitad del siglo VII a.C. Esta ciudad fenico-púnica, denominada Malaka, se convirtió en el principal centro económico de la región, gracias a la actividad de su puerto y a su estratégica conexión con el interior de Andalucía a través del valle del Guadalhorce. Málaga es, pues, en su esencia, una ciudad fenicia hasta bien avanzado el dominio político de Roma, con una clara vocación portuaria y un marcado carácter comercial.
En su contestación al conferenciante, Juan Fernández Ruiz hizo hincapié en que investigar se convierte en tarea ineludible para todo ser humano. Quien renuncia a aprender, a conocer, a reconocerse, aunque sepa que no podrá conocer la totalidad, devalúa su condición natural y le lleva al bestialismo. Tratamos de descubrir el sentido de nuestra especie, de la especie a la pertenecemos, los sapiens sapiens. La Historia, pues, si nos ayuda a orientarnos, si contribuye a la emergencia de un hombre nuevo, resulta ‘útil’, entre comillas, porque, mirando hacia atrás podemos vislumbrar hacia dónde nos dirigimos.